¿De qué trata el dilema de Eutifrón?

En el contexto donde un creyente habla de las razones para afirmar que Dios existe y ha usado el argumento moral o alguna razón moral para concluir de esta forma, se suele presentar como objeción a este punto específico lo que se conoce como el dilema de Eutifrón. En mi propia experiencia como apologista cristiano, y específicamente como apologista moral, esta objeción nunca ha dejado de ser traída al estrado como contra-argumento contundente por la parte no creyente. Si hablamos de personas famosas desde la antigüedad y poco conocidas, Eutifrón es una de ellas. Entonces, surge la pregunta: ¿Quién es Eutifrón y por qué es tan famoso en las discusiones morales?

Eutifrón o sobre la piedad

Eutifrón es un personaje que aparece en uno de los diálogos de Platón. Aunque el diálogo se conoce como de Platón, la conversación no es con él sino con Sócrates. Este relato pertenece a la serie llamada

Sócrates y Eutifrón, por Victor Orsel, Bowes Museum.

primeros diálogos y es mayormente mejor conocida como Eutifrón o sobre la piedad. La historia se desarrolla entre el momento de la acusación de Meleto contra Sócrates y antes de su proceso. No discutiré sobre los aspectos históricos de los personajes y sus diálogos, pero lo tradicional en esta materia es aceptar la existencia de Eutifrón, quien es un personaje oscuro en términos histórico.

La conversación entre ambos, narrada en el texto, se basa en lo justo, en la piedad. Asombrado por lo que Eutifrón piensa hacer (acusar a su padre), Sócrates le pregunta a él si está acción era santa. Esta interrogante es lo que desata todo el diálogo y el dilema que hoy conocemos como el de Eutifrón.

El dilema

Sócrates pregunta: ¿Lo santo es amado por los dioses porque es santo, o es santo porque es amado por ellos? Luego de esto, todo el diálogo se basa en analizar la respuesta de cada uno y sus implicaciones. El famoso dilema de Eutifrón consiste en analizar la sustancia misma de lo santo, hablando en el contexto del relato. Si lo santo es amado por los dioses porque es santo, entonces las cosas santas no lo son en virtud de que son amadas sino simplemente porque tienen virtud por sí mismas y sin importar si los dioses la aman. El amor de los dioses no le añade ningún valor extra o valor alguno. Por otro lado, si las cosas santas lo son porque son amadas por los dioses, entonces necesitan del amor de ellos para ser santas. Así, es el amor de los dioses lo que les confiere esa propiedad o valor. En el diálogo, se puede apreciar que ambas opciones no pueden ser válidas, sino que una de ellas debe ser la correcta, por eso es un dilema, pues hay dos opciones opuestas y hay que elegir una de ellas. Pero, cada elección trae consigo su propia implicación.

El problema del dilema

¿Por qué este dilema es usado actualmente como una objeción problemática para los que afirman que Dios existe? La razón es la siguiente: existe toda una teoría monoteísta en la moral que trata de explicar que las cosas son santas en relación a Dios. Dicho de una forma más real, el teísta que cree que Dios es un ser necesario y posee las cualidades clásicas de la deidad, atribuye a él toda la realidad moral y fundamenta en él todo lo que es bueno. Con la existencia de Dios podemos hablar objetivamente de lo que es bueno y correcto; y, diferenciarlo de lo que es malo e incorrecto. Tomando y adaptando el dilema al contexto actual, ya no se hablan de los dioses sino de uno, y ya no se habla de lo santo sino de lo bueno. Así, el dilema dice: ¿algo es bueno porque Dios lo dice o Dios lo dice porque es bueno? Como ambas opciones son contrarias, hay que elegir una de ellas. No podemos afirmar las dos como válidas al mismo tiempo. El problema real no es elegir una opción sino la implicación de nuestra elección con nuestra teoría moral. Lo importante aquí es nuestra teoría moral y eso es lo que busca atacar el dilema.

Un dilema es un razonamiento en que una premisa contiene una alternativa de dos términos y las otras premisas muestran que los dos casos de la alternativa conducen a la misma conclusión.

De una forma u otra, el teísta que sostiene el teísmo clásico está bastante comprometido con su visión moral dentro de su postura. Si Dios es la fuente de la moral (y lo es), debe ser en una forma que no afecte la propia teoría moral que es usada por el teísta para explicar esta verdad. Si elegimos la primera opción del dilema: algo es bueno porque Dios lo dice, entonces estamos otorgando arbitrariedad a lo que se conoce como bueno, y nuestra propia experiencia moral es la que nos dice que aquí debe haber un problema, pues lo bueno no puede ser arbitrario.

Los filósofos morales usan la experiencia moral para analizar que teoría moral explicar mejor la realidad. Si una teoría no encaja y/o contradice lo que experimentamos acerca de la esfera moral, tenemos buenas razones para descartarla. Por esta razón se descarta la teoría subjetivista, pues nuestra propia experiencia nos dice que la moral no puede ser subjetiva. El problema con elegir la primera opción es que estamos diciendo que la moral no es objetiva, sino que es arbitraria. Decir que la moral no es objetiva es destruir el argumento (en cualquiera de sus versiones que apele a una realidad moral objetiva) que usamos para afirmar que Dios existe, que justamente es el contexto donde se suele presentar el dilema. Imagine que usted acaba de usar el argumento moral para decir que Dios existe, el cual depende de la existencia de una moral objetiva o un hecho objetivo moral para tener validez. Luego, alguien presenta el dilema de Eutifrón como lo he presentado y usted elige la primera opción, la que implica que no existe la moral objetiva. Es bueno que sepa que acaba de afirmar que todo su argumento para la existencia de Dios es falso, pues la moral es arbitraria, según la opción que acaba de elegir. ¿Ya es visible el problema? La opción uno del dilema implica que:

  1. La moral no es objetiva sino subjetiva. Y si no es objetiva, no podemos usar la moral para demostrar que Dios existe.

  2. Dios no es la fuente de la moral. Lo cual hace inválido toda teoría moral teísta.

Ahora, ¿Qué pasa si elegimos la segunda opción? Seguimos teniendo un problema con nuestra teoría moral teísta. Esta opción nos dice que existe algo independiente de Dios y que le dicta a Dios cuales deben ser sus preferencias morales. Y, hasta tal punto, se puede decir que Dios mismo debe guiar su existencia conforme a eso que es bueno. Todo esto es contrario a cualquier explicación teísta que afirme que Dios es la fuente de la moral, pues vemos que no, no lo es, sino que esta existe fuera de él e independiente de él. Para la persona que es una especie de platonista, esta opción no es problemática, pues se ajusta bien a su teoría moral. Aun para algunos teístas que no ven a Dios como la fuente de la moral o lo ven como un ser amoral, está opción no es problemática. Solo lo es para el teísta clásico. Y déjeme decirle que con esto basta, pues es el teísmo clásico que presenta una visión acertada y coherente de Dios. Así que sí tenemos un gran problema aquí y las implicaciones de esta segunda opción. Si Dios dice que algo es bueno porque eso es bueno, estamos diciendo que existen dos entidades diferentes, y doctrinas como la aseidad divina se ven afectada, pues hay una entidad tan eterna como Dios llamada lo bueno. Así que las implicaciones de la segunda objeción son:

  1. Dios no es la fuente de la moral, pues lo bueno existe independiente de él.

  2. Doctrinas como la aseidad de Dios se ven afectadas.

  3. Dios mismos debe someterse a lo bueno, lo cual pone en duda el concepto de Dios como autoridad máxima en el universo.

A simple vista el dilema parece ser fatal no solo para cualquier explicación de la moral desde un punto teísta, sino para el teísmo clásico completo.

Respondiendo al dilema

Aunque este dilema aparente ser triunfador en destruir la postura teísta con respecto a la moral, no lo es. La forma de responder a este problema es señalando que es un falso dilema. Un falso dilema se comete cuando se presentan dos opciones como únicas con respecto a un tema, cuando en verdad hay más de dos. El de Eutifrón es uno, pues hay más opciones. De esta manera ya nos hemos salido del problema. Pero esto no es todo. Podemos presentar cual es la opción correcta, para demostrar que sí hay más de dos opciones. Es más, en el mismo contexto del argumento moral, desde que se concluyó el argumento, ya se hizo esa demostración. Si se dice que Dios es la fuente de la moral a tal punto que si una existe el otro debe existir, se está diciendo que es la misma existencia de Dios la que provee la existencia de la moral. En pocas palabras: lo bueno está en la propia naturaleza de Dios. La respuesta al dilema viene desde antes de que el mismo sea presentado. Como defensores de la fe no podemos dejar que nuestro punto de vista se pierda por alguna objeción planteada. También, es necesario que conozcamos a profundidad lo que estamos defendiendo. Si alguien no conoce bien este tema, por ejemplo, ignorara que la respuesta al dilema se proporciona desde que se propone un argumento moral que apele a la existencia objetiva de hechos morales y estos estén conectados con Dios. La tercera opción, y lo que demuestra el por qué lo de Eutifrón es un falso dilema, es que lo bueno es lo que está conforme a la naturaleza de Dios, y él llama bueno a lo que es conforma a su naturaleza moral. Así, desde esta visión, la moral no es arbitraria y no está fuera de su ser, lo que nos dice que él sigue siendo su fuente. Esta es la respuesta al dilema de Eutifrón.

Versiones modernas del dilema

No conformes con esto, algunos siguen usando este mismo paso para a partir de la respuesta con la tercera opción, formular un nuevo dilema que siga atacando la postural moral teísta. Una de esas versiones modernas viene por Jeremy Koons. Él dice[CITATION Koo12 \l 7178]:

“¿Las propiedades como la bondad, imparcialidad y generosidad son buenas porque Dios las posee en su naturaleza, o Dios las posee en su naturaleza porque son buenas?”

Con este nuevo dilema él piensa colocar en jaque la postura teísta nuevamente, pero comete un error. Si vemos bien este nuevo dilema, ya hemos dado respuesta a él con nuestra tercera opción al dilema de Eutifron. Hemos sido enfáticos en decir que todas las propiedades morales que Dios posee son buenas porque están en su naturaleza. Este dilema no tiene nada de novedoso y no ataca la respuesta teísta, y es la sencilla razón por la cual no es un problema.

Conclusión

El dilema de Eutifrón no representa un problema serio para la postura moral teísta. Ni siquiera es un problema alguno, debido a que el dilema comete la falacia lógica del falso dilema al señalar solo dos opciones como únicas cuando existen más de una. Dios es la fuente de lo bueno, pues lo bueno es según la naturaleza de Dios.


Referencias

Koons, J. (2012). Can God’s Goodness Save the Divine Command Theory From Euthyphro? European Journal for Philosophy of Religion 4 (1), 177-195