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¿Qué significa que Dios sea eterno?

El que Dios sea “eterno” es una de las enseñanzas básicas del Judeo-Cristianismo. El Salmo 90.2 afirma: “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios”.

Por otra parte, la eternidad de Dios se deriva por necesidad divina. Si Dios existe necesariamente—por ser la causa sin causa y el origen de todo lo existente—entonces es imposible que Dios no exista. Esto es lo que los teólogos llaman “Aseidad Divina”. La aseidad de Dios se refiere a su auto existencia. Dios existe “a se” (del latín, “aseitas), es decir “por sí mismo” y sin necesidad de causas externas para su existencia. El afirmar que Dios existe eternamente significa, al menos, que nunca comenzó a existir y nunca dejará de existir. El existir eternamente significa también existir permanentemente1

Como paréntesis cabe mencionar que la objeción lanzada—generalmente por personas no familiarizadas con estos temas–¿Quién creó a Dios?, bajo este marco se convierte en una falacia de categoría. Un ser necesario no puede ser contingente. Esto es una contradicción lógica digna de los pupitres de la escuela secundaria y no de conversaciones teológicas y filosóficas serias. La objeción es similar a preguntar, ¿De dónde vino esto que siempre ha existido? Un completo sinsentido que incluso filósofos ateos entienden y evitan. Un dios creado tiene un nombre: ídolo. Ese no es el tipo de dios en el que creemos los Cristianos.

Continuando en materia de eternidad, hay al menos dos formas en que Dios pudiese existir permanentemente. Una forma es la existencia omnitemporal a través de un tiempo infinito. En este caso Dios tendría una duración temporal inmemorial y sinfín. La otra forma en que Dios podría existir permanentemente sería de manera atemporal. En esta modalidad, Dios trascendería el tiempo y carecería de localización temporal y de extensión temporal. Simplemente existiría en un estado aparte de referencias temporales.

Y aquí es donde entramos en campos sumamente complejos y polémicos de filosofía, e incluso física teórica dado que la pregunta, ¿Si hacemos un análisis exegético de las enseñanzas bíblicas, cual es la postura más factible? es sumamente difícil de contestar. Por un lado, es indisputable que la Escritura describe interacciones divinas dentro del marco temporal, incluyendo conocimiento de hechos presentes, pasados y futuros. Por otra parte, la Escritura también habla de la existencia eterna de Dios en términos sin duración temporal.
Sin embargo, una inspección bíblica no favorece ninguna de las dos posiciones con contundencia. Contamos con evidencia Bíblica de que Dios debe trascender el tiempo por ser el creador del mismo (Gen. 1.1; Prov. 8.22-23; I Cor. 2.7; II Tim. 1.9; Tit. 1.2-3; Judas 25) Por lo tanto, el estudiante de teología aquí se ve en la necesidad de acudir a otras disciplinas como los son la física teórica y la filosofía teológica para determinar la relación entre Dios y el tiempo que sea compatible con el testimonio escritural y que tenga coherencia con el resto de los atributos divinos y con el universo mismo.

Entre teólogos eminentes existe considerable desacuerdo en cuanto a la relación entre Dios y el tiempo. Platón, Agustín, Boecio, Anselmo, y Aquino argumentaron que Dios trasciende el tiempo en todo el transcurso de su existencia (tota simul). Tales pensadores frecuentemente dicen que desde el punto de vista de la eternidad, todos los espacios temporales son reales y accesibles para Dios en relación causal. Es decir, Dios existe atemporalmente pero puede actuar temporalmente.

Otros argumentos acerca de la atemporalidad de Dios se basan en la teoría especial de Einstein. Según esta teoría, no existe un tiempo único o universal que podamos llamar “ahora”. Cada espacio tiene su propio marco de tiempo y no existe una integración absoluta entre todos los tiempos-espacios. La pregunta obvia en este contexto es: ¿Si Dios existe en el tiempo, en qué tiempo se encuentra? De ahí que el defensor de esta teoría de tiempo tienda a apegarse a la idea de que Dios existe atemporalmente.

Por otro lado, existen filósofos y teólogos cristianos eminentes que notan que si Dios es atemporal entonces le es imposible relacionarse temporalmente con el universo y se  apegan más a la idea de un tiempo universal como lo hizo Newton apoyándose también sobre teorías modernas de tiempo basadas en cosmología científica. Ellos apoyan la temporalidad de Dios argumentando que el atributo de omnisciencia divina lleva necesariamente a concluir que Dios debe existir temporalmente (al menos con la creación). Para que Dios pueda saber el valor de verdad de proposiciones expresadas temporalmente como “Jesucristo ha resucitado de entre los muertos” Dios debe existir necesariamente de forma temporal porque tal conocimiento sitúa a Dios en relaciones de tiempo. Por otro lado, un Dios atemporal podría saber verdades atemporales como “Cristo muere en el año 30”, ¡pero no sabría si Cristo “ya” murió o “aun no” ha muerto! Este tipo de ignorancia es inconsistente con la doctrina de omnisciencia.

Existen también modelos híbridos de eternidad divina en los que Dios existe atemporalmente sin el universo pero que existe temporalmente por propia decisión con el universo (Dios entra en el tiempo simultáneamente con la creación del universo).

Sea cual fuere el caso, es la tarea de cada creyente analizar los elementos cosmológicos, filosóficos y escriturales para discernir el  esquema más plausible de eternidad divina. A simple vista la eternidad divina puede parecer caso cerrado pero dado a que es un área que corta la teología, exégesis bíblica, física teórica y filosofía, pocos son los valientes que se han aventurado a profundizar en estas multidisciplinarias aguas abisales. ¿Quién se anima?


Referencias

1.- Estas definiciones y argumentos son derivados de mis notas de clase del Dr. William Lane Craig tomadas en el verano del 2015